Reflexión. ¿Quién es mi prójimo? La duda del religioso By Fabian Massa.

Dedicado a Haydee.

En Lucas 10.25 al 37, se narra la parábola[1] del Buen Samaritano. Es un texto muy conocido que se ha predicado hasta el cansancio. En esta oportunidad quiero concentrarme solo en algunos detalles que comúnmente no se tocan. El que se presenta delante de Jesús es un experto o doctor en la Ley (Lc. 10.25), quien para ponerlo a prueba le pregunta:


—Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
26 Jesús replicó:
—¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?
27 Como respuesta el hombre citó:
—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”
28 —Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás.
29 Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús:
—¿Y quién es mi prójimo? Lucas 10.25 – 29 NVI

El experto cito textualmente de memoria dos textos claves “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente” (Deuteronomio 6.5) y “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”(Levítico 19.18), pero luego queda al descubierto su ignorancia cuando pregunta ¿Y quién es mi prójimo? 

La parábola que sigue (y que todos Uds. conocen) es método explicativo típico de un rabino para enseñar. El punto es que este “experto”, que se conocía los pasajes de manera literal, no podía poner en práctica la enseñanza encerrada en ellos por desconocer el significado de un solo término “prójimo”.

Para Jesús era importante que este maestro de la Ley entendiera el significado de esa palabra, porque de ello dependía que pudiera poner en práctica el mandamiento.

¿Cuántas veces vemos que esto mismo sucede hoy en día en nuestras iglesias, hermanos que se congregan desde hace muchos años, “expertos” en la Biblia, a tal punto que pueden recitar grandes porciones de la misma (literalmente de acuerdo a su versión preferida) pero que no saben el significado de muchas de las palabras que utilizan?

Es importante que enseñemos a la congregación que es necesario que entiendan lo que dicen, tan simple como eso.
Ser ministros competentes del Nuevo Pacto[2] significa, no solo saber la letra (lo que dice y poder recitarlo, como hizo el religioso de la historia) sino lo más importante: Captar el sentido (el espíritu) que el Autor Intelectual (el Espíritu Santo) quiso que el texto tenga.

¿De que vale que alguien recite toda la Biblia de memoria si no entiende lo que está diciendo?

Tenemos la Biblia y la ayuda del Espíritu Santo, la parte que nos toca a nosotros es ser responsables y estudiar La Palabra de Dios, no solo a fin de hablar y enseñar con propiedad, sino de entender cabalmente para poder poner la Escritura por obra.

La Semana 70 está por comenzar, desempolva tu diccionario.



[1] Una parábola es una narración breve y simbólica de la que se extrae una enseñanza moral, ética o religiosa.
[2] 2 Corintios 3.6

Ministros competentes del Nuevo Pacto, religiosidad, 

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