Reflexión. ¿Estamos listos para El Señor? By Pastor Adrián Pablos.


Cuan hermoso es ver actuar a Dios en los cultos, respondiendo oraciones, obrando sanidades, milagros, prosperando a su pueblo y soplando vida sobre los arrepentidos entre otras cosas sobrenaturales. Pero que atentos debemos estar los que hemos anhelado obispado, los que decimos haber crecido en la fe y el Señor nos ha convertido en pastores de su iglesia.


Muchas veces el enemigo de las almas o una mala enseñanza bíblica hacen creer al cristiano mas pequeño y también al  crecido que al recibir un milagro o bendición de parte de Dios, su vida cambiará sin importar lo que haga, aún peor es una falsa doctrina que se ha instalado que lo pone a Dios en la obligación de obrar un milagro o bendecirnos en abundancia. Este último punto desoye claramente los atributos de Nuestro Creador, entre ellos el de omnisciencia y el de soberanía.

El Señor es fiel a su palabra y suple las necesidades, libera a los cautivos, sana, restaura, cumple promesas y muchas veces nosotros, los hombres de Dios, para no perder gente en las congragaciones nos dedicamos a enseñar solo sobre las bendiciones y tal vez muy poco (dependiendo de las miradas de la grey) sobre nacer de nuevo y pasar a formar parte de la naturaleza divina. Simplemente nos quedamos que como “cristianos,” El Señor nos debe bendecir y nos pasamos aplaudiendo cada palabra con promesa. Es bueno en este tramo del escrito pasar a un pasaje bíblico el cual, y directamente de la mano de Nuestro Señor Jesús, traerá claridad a esto que trato de explicar sin ánimo de crítica hacia nadie en especial.

11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. 12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado. Lucas 17: 11 - 19

Jesús mismo nos avisa que esto ya pasaba en su tiempo, que el milagro o la bendición NO SALVA, que lo que nos hace partícipes de la salvación de nuestras almas y la vida eterna es la Fe y reconocer que dependemos de quien obró el milagro. Una bendición de Dios, lejos de aumentar nuestra “autoestima”, debe humillarnos delante del Todopoderoso reconociendo que sin él nada somos. Al igual que en el relato bíblico, esto nos está sucediendo en las congregaciones modernas; la gente toma “su milagro”, “su bendición” y se olvidan de quien la obró y cual fue el propósito de la misma. Obviamente por razones de experiencia y sabiduría en las cosas de Dios no podemos culpar al feligrés, sino que debemos examinarnos como líderes del cuerpo de Cristo y replantearnos los mensajes. Tal vez este tipo de sermones no acarree aplausos, ni gritos de júbilo, ni jóvenes cuasi comprometidos, tal vez porque no sean nacidos de nuevo; pero este tipo de enseñanza nos enfrentará al espejo de la palabra y veremos como estamos delante del Señor verdaderamente. Las congregaciones no se llenaran de gente (la cual igualmente se va de las iglesias a disfrutar su “bendición”) sino que se abarrotarán de salvos tratando de caminar el camino angosto e ingresar por la puerta estrecha, veamos la palabra de Dios que nos dice sobre esto.

Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Mateo 7:14 RV 1960

22 Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. 23 Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24 Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. 25 Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. 26 Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 27 Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. 29 Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros. Lucas 13: 22 – 30 RV 1960

El Apóstol Pedro en su segunda carta ya nos habla sobre esto; el Espíritu Santo nos dice que Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para la vida,  para amarlo y dedicarnos a Él.  Que ha puesto a nuestra disposición grandísimas promesas, como la vida eterna, haciéndonos parte de su naturaleza Divina, razón por la cual dejamos atrás una vida de engaño y pecado. El Señor ha soplado vida a nuestros huesos secos resucitándonos de la muerte espiritual pudiendo de esta manera escuchar su voz y obedecerlo. Nos ha regalado una porción de fe con la cual confesamos que Jesús es el Cristo y nos ha ordenado que trabajemos por medio de esa fe y le agreguemos tales cosas como amor, entre otras. Esa es nuestra tarea como cristianos, perfeccionarnos a través de la oración añadiendo estas cosas a nuestras vidas, las cuales serán útiles para predicar su palabra y no estaremos ociosos aguardando que El Señor “nos haga el milagro”. Seremos congregaciones fuertes basadas sobre la roca, las cuales asumirán responsabilidades verdaderas de ser la luz del mundo y no simplemente “nuevos ricos de Dios”. Es mejor dejar hablar a las Santas Escrituras sobre esto, veamos:

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. 10 Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. 11 Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 2 Pedro 1: 3 – 11 RV 1960


Dios, por su poder, nos ha concedido todo lo que necesitamos para la vida y la devoción, al hacernos conocer a aquel que nos llamó por su propia grandeza y sus obras maravillosas. Por medio de estas cosas nos ha dado sus promesas, que son muy grandes y de mucho valor, para que por ellas lleguen ustedes a tener parte en la naturaleza de Dios y escapen de la corrupción que los malos deseos han traído al mundo. Y por esto deben esforzarse en añadir a su fe la buena conducta; a la buena conducta, el entendimiento; al entendimiento, el dominio propio; al dominio propio, la paciencia; a la paciencia, la devoción; a la devoción, el afecto fraternal; y al afecto fraternal, el amor.Si ustedes poseen estas cosas y las desarrollan, ni su vida será inútil ni habrán conocido en vano a nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no las posee es como un ciego o corto de vista; ha olvidado que fue limpiado de sus pecados pasados. 10 Por eso, hermanos, ya que Dios los ha llamado y escogido, procuren que esto arraigue en ustedes, pues haciéndolo así nunca caerán. 11 De ese modo se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Versión Dios Habla hoy

Líderes, ¿no  les duele el corazón? al ver como tanta gente cree que es seguidor de Cristo y en realidad solo busca sus beneficios, piden para sus deleites, solo quieren saciar sus vidas vacías y ni siquiera conocen la voluntad del Señor. ¿La vida eterna dejó de ser el principal anhelo de los creyentes? ¿El nacer de nuevo carece ya de importancia? ¿Es solo la añadidura lo importante para un verdadero cristiano? ¿Son las estrategias o métodos de la psicología necesarios dentro de las iglesias? ¿Las Sagradas Escrituras dejaron de ser inspiradas y suficientes? ¿Necesitamos libros de “auto ayuda cristiana”? ¿Hay que cuidar al creyente tamizando la Palabra de Dios, es que ya el Espíritu Santo no cumple su función por medio de las Escrituras? ¿Estamos dejándole el lugar de Dios a Dios?

Esto es solo un humilde escrito el cual no tiene el ánimo de crítica y mucho menos de contienda, solo que al pensar en voz alta y no poder compartirlo me animé a redactarlo y hacerlo público con el solo objetivo de plantear una sana conversación cristiana.

Dios los Bendiga

Pastor Adrián Pablos.


La Semana 70 está por comenzar. ¿Estamos listos?


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