STUDY. Los Panes y los Peces. By Fabian Massa.



En el capítulo VI del evangelio de San Juan, la Biblia cuenta que Jesús había ido a la otra orilla del Mar de Galilea y que una gran multitud se junto a escucharlo. Al caer la tarde Jesús tuvo compasión de la multitud porque no había probado bocado, así que ordenó a sus discípulos que les den de comer. Allí hizo El Señor el milagro de dar de comer a cinco mil hombres (los estudiosos calculan que con las mujeres y los niños habría una multitud de 15.000 almas) con cinco panes de cebada y dos pescados (Juan 6.9).

Con lo que cualquiera de nosotros habría hecho un par de canapés para engañar el hambre, El Señor le dio de comer hasta saciarse a toda esa gente y además sobraron doce canastas: Lo poco que nosotros podamos aportar es mucho en las manos de Dios.
Después de esto, Jesús ordenó que vayan del otro lado del lago. Al día siguiente, cuando las multitudes se dieron cuenta de que el Maestro y sus discípulos se habían marchado (Juan 6.22) muchos subieron a las barcas y fueron a Capernaúm a buscar a Jesús.
Juan registra en su evangelio el siguiente diálogo:

25 Cuando lo encontraron al otro lado del lago, le preguntaron:
—Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26 —Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse. 27 Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre. Sobre éste ha puesto Dios el Padre su sello de aprobación.
28 —¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige? —le preguntaron.
29 —Ésta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien él envió —les respondió Jesús.

De aquí viene la famosa frase:”Uds. vienen por los panes y los peces” El pueblo había visto las señales (el Poder de Dios) y no entendían que era mayor beneficio tener la fuente del Poder, es decir la Presencia misma de Dios. Ellos no entendieron y pidieron más milagros:

30 —¿Y qué señal harás para que la veamos y te creamos? ¿Qué puedes hacer? —insistieron ellos—. 31 Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer.”[c]
32 —Ciertamente les aseguro que no fue Moisés el que les dio a ustedes el pan del cielo —afirmó Jesús—. El que da el verdadero pan del cielo es mi Padre. 33 El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
34 —Señor —le pidieron—, danos siempre ese pan.
35 —Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed. 36 Pero como ya les dije, a pesar de que ustedes me han visto, no creen. 


Si bien hay pastores que abordaron esta problemática con una enseñanza profunda y enriquecedora[1] la realidad muestra que de la misma manera que en los tiempos de Jesús las multitudes se reunían para recibir de Él los “Panes y los Peces”: Se llevaban los milagros pero sus corazones no habían sido transformados. Lo mismo pasa hoy, gente que viene a la Iglesia con una necesidad agobiante, reciben su milagro, se alegran y se van. No permanecen porque no entendieron que es mayor bendición tener La Presencia que solo haber sido tocados por Su Poder una vez.

Estando ya a las puertas de la Semana 70, donde la paciencia y la fe de los santos se probarán cortando sus cabezas, (Ap. 13.10 y 14.12) que todavía muchos (aún en el liderazgo)estén sin entender este tema del Poder y La Presencia (que es básico) me parece extremadamente peligroso.

La Semana 70 está cerca, solo Cristo salva. ¿Estamos listos?

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